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¿Qué está pasando con la distribución del ingreso en Argentina?


 

RESUMEN


La desigualdad en la distribución del ingreso aumentó con fuerza durante el gobierno de Cambiemos. Entre 2016 y 2019, la parte de los asalariados en el ingreso disminuyó en casi 6 puntos porcentuales, de 51,9% a 46,3% del Valor Agregado Bruto (la caída sería sin duda mayor si se pudiera comparar con 2015). Esto se debió sobre todo a la contracción de la masa salarial, arrastrada por una caída del salario real de más de 20%. Al mismo tiempo, la distribución personal del ingreso (entre familias de distinto nivel de ingreso) se volvió más desigual, en el marco de una contracción general de la economía: cuanto más pobres eran las familias, más disminuyeron sus ingresos reales. Esto se reflejó en un aumento del índice de Gini.


Durante el actual gobierno, la participación de los asalariados en el ingreso total perdió otros 2 puntos porcentuales, pero no porque la masa salarial haya caído en términos reales (al contrario, empezó a recuperarse desde 2021 gracias al aumento del empleo), sino por la muy fuerte expansión del Excedente Bruto de Explotación (las ganancias). Esto indica que las empresas están en condiciones de aumentar los salarios de sus trabajadores sin transmitir ese aumento a sus precios. Recomponer el salario real es económicamente factible y permitiría sostener el crecimiento económico.


Por otra parte, una política activa de redistribución está disminuyendo la desigualdad en la distribución personal del ingreso: el índice de Gini bajó en 2022 a los niveles que tenía en 2015. En efecto, los ingresos reales de los hogares más pobres aumentaron de manera significativa durante la presente administración, gracias a las transferencias públicas que recibieron.


 

1) Introducción


La forma en que se distribuye el ingreso en un país define en gran medida el carácter de su economía y su sociedad. Las opiniones sobre cómo debería ser esa distribución, más o menos equitativa, varían según la posición social, política e ideológica de quienes las profesan. Este debate fue siempre fuerte en la Argentina, en donde los distintos grupos sociales han pujado históricamente por defender o ampliar su parte en los ingresos.


Esa pugna se ha agudizado con los shocks que golpearon al país en los últimos años, en particular la crisis económica y cambiaria de 2018-2019, la pandemia en 2020 y la guerra en Ucrania en 2022. En efecto, se planteó el problema de cómo se repartirían los costos de esos shocks dentro de la sociedad. Como veremos, los gobiernos de Macri y de Fernández adoptaron políticas opuestas al respecto.


En la actualidad, la elevada inflación se inserta en esa puja distributiva, con la bien conocida carrera entre precios y salarios, que tiende a alimentar el proceso inflacionario.


Analizaremos la evolución de la distribución del ingreso en la Argentina y sus causas. Para ello, debe aclararse de qué ingreso estamos hablando, y entre quiénes se distribuye.


Existen básicamente dos mediciones al respecto. Una se refiere al ingreso generado en la producción y a su distribución entre los grupos sociales que participan de ella. Es la llamada “distribución funcional del ingreso”, que toma como categorías de análisis a las clases sociales; así, se dirá que lo asalariados obtienen x% del ingreso total, los capitalistas y% y los cuentapropistas z%. Esta visión retoma la tradición de la economía política clásica, que define a las clases según su lugar en el proceso de producción, y considera que “determinar las leyes que rigen esa distribución” (de lo producido, entre las clases sociales) es “el principal problema de la economía política”. [i]


Sin embargo, el ingreso obtenido en el proceso productivo no es idéntico al que perciben los individuos y las familias. Por un lado, el Estado capta parte de aquel ingreso mediante impuestos; y por otro lado, las familias reciben entradas que no provienen de su rol en la producción, como es el caso de las jubilaciones y de diversas transferencias sociales.


Al ingreso total disponible, fruto en parte del ingreso proveniente de la producción y en parte de la redistribución que opera el Estado, se refiere la segunda medición de la distribución del ingreso, conocida como “distribución personal del ingreso, reparto que se realiza entre individuos o familias, y no entre clases sociales.


Consideraremos la evolución reciente de la distribución del ingreso con el prisma de ambos indicadores: la distribución funcional y la distribución personal del ingreso.


2) La distribución funcional del ingreso


a. Un breve repaso histórico


El indicador más habitual (al menos en Argentina) para evaluar qué tan equitativa o inequitativa es la distribución del ingreso, es la participación de los asalariados en el ingreso total: se entiende que un aumento de esa parte en el valor agregado indica una distribución más equitativa, y viceversa. Pero, ¿cuál sería un nivel adecuado para la participación de los asalariados en el ingreso, y qué tan lejos estamos de ella?

Esto depende mucho de la estructura económica de un país. En los países desarrollados, los asalariados reciben cerca del 60% del ingreso total. En países subdesarrollados de Asia y África, en donde gran parte de la población activa no es asalariada sino cuentapropista (pequeños campesinos en las zonas rurales, comerciantes informales en las urbanas), la parte de los asalariados no pasa de 30% del ingreso. En América Latina, esa proporción varía entre 30 y 50% según los países y las épocas. Es el caso de la Argentina, como se observa en el gráfico 1.


Gráfico 1. Argentina, participación de los asalariados en el valor agregado, 1935-2022 (en porcentajes)

Fuentes: Secretaría de Asuntos Económicos, Banco Central de la República Argentina, Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo, e Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

Nota: la cifra de 2022 es una estimación preliminar.


Con la cautela que requiere comparar series estadísticas largas, elaboradas por distintas fuentes y con metodologías diversas, este gráfico permite identificar grandes etapas en la distribución funcional del ingreso a lo largo de casi 90 años.


Las primeras estimaciones, preparadas por la Secretaría de Asuntos Económicos, empiezan en 1935. Muestran cómo la participación de los asalariados en el ingreso pasó de 40% en 1943 a 54% en 1954, esto es, durante el “primer peronismo”.


Contamos luego con los cálculos del Banco Central, que cubren el período que va de 1950 a 1973. Estos muestran el impacto del golpe de 1955: según el BCRA, la parte de los asalariados disminuyó desde 51% en 1954 a 39% en 1964; sin embargo, después se recupera hasta alcanzar 48% del ingreso total en 1973.


A partir de esa fecha, se interrumpen las estadísticas oficiales. Recurrimos entonces a las estimaciones del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED), que muestran cómo el golpe de Estado de 1976 provoca el derrumbe de la parte de los asalariados, que pasa de 48% del PIB en 1975 a 29% en 1977.


A partir de ese momento, la participación de los asalariados en el ingreso osciló entre 30 y 40% del PIB: subía cuando se atrasaba el tipo de cambio, porque entonces mejoraba el salario real, y volvía a tocar fondo cuando sobrevenían la devaluación y la aceleración inflacionaria. Así, la parte del salario en el ingreso aumenta en la primera etapa de la Convertibilidad (toca 45% en 1993), para volver a caer con el colapso de ese régimen cambiario, a un mínimo relativo de 34% del PIB en 2003 (de acuerdo ahora a las estimaciones del INDEC, cuentas nacionales base 1993).


Durante el kirchnerismo, se produce una mejora sustancial, de ese 34% a 49% en 2010 (luego la serie se interrumpe), gracias a la expansión del empleo asalariado y a la fuerte mejoría del salario real (aumentó un 60% entre abril de 2003 y noviembre de 2015).


Con el gobierno de Macri vuelve a caer la participación de los asalariados, de 52% en 2016 (no contamos con datos para 2015) a 46% en 2019. La causa principal fue la disminución de más de 20% del salario real, pero la caída también se explica por la reducción del empleo asalariado formal.


En suma, la participación de los asalariados en el ingreso ha sido la más alta, en torno al 50%, durante diversos gobiernos peronistas: el primer peronismo, el breve gobierno de 1973-76, y el kirchnerismo. De allí la identificación del peronismo con la norma del “50-50”, es decir, la idea que una distribución del ingreso deseable para un gobierno de ese signo es la que dividiría el ingreso total en dos partes iguales, entre el trabajo y el capital.


Esta idea supone que todo ingreso que no va a los asalariados va al capital, pero esto no es así, ya que también reciben su parte los trabajadores por cuenta propia. La distribución del ingreso se realiza no entre dos, sino entre tres grupos sociales: los asalariados (que perciben la Remuneración del Trabajo Asalariado), los empresarios (que captan el Excedente Bruto de Explotación) y los cuentapropistas, que reciben los “Ingresos Mixtos Brutos”, así llamados porque provienen a la vez del trabajo del propietario y de su actividad como empresario.


Además, la “torta” que se reparte es el Valor Agregado Bruto a precios básicos; esto significa que al estimar el valor de lo producido, a las contribuciones de los factores de la producción (capital, trabajo asalariado y trabajo no asalariado), el INDEC le suma los impuestos a la producción y le resta los subsidios a la misma.[ii]


Así, para llegar al 100% del valor a repartir hay que sumar cuatro, y no solamente dos componentes. Notemos que uno de esos componentes (impuestos menos subsidios a la producción) tiende a ser negativo en la Argentina, pues los subsidios (S) son más elevados que los impuestos (T), con lo que T-S es inferior a 0; por tal razón, la suma de la participación de los tres restantes supera 100%, como veremos en la siguiente sección.


b. Evolución reciente de la distribución funcional del ingreso


Los gráficos 2 y 3 muestran la participación de los cuatro componentes arriba mencionados en el valor agregado entre el 1er trimestre de 2016 y el 3er trimestre de 2022.


Puede observarse en este período una tendencia al alza de la parte del Excedente Bruto de Explotación, una disminución de la de la Remuneración de los Asalariados, y una relativa estabilidad del ingreso mixto (cuentapropistas).


Al no incluir el año 2015, la serie no permite evaluar el efecto completo del gobierno de Macri sobre la distribución del ingreso: no capta, en particular, el impacto de la devaluación de fines de 2015 y principios de 2016, que hizo caer el salario real un 6,2% entre el cuarto trimestre de 2015 y el primero de 2016.


Las cifras trimestrales del gráfico 2 muestran fuertes variaciones estacionales, sobre todo en el porcentaje del excedente bruto de explotación: éste decae en los primeros trimestres (con las vacaciones hay menos producción y menos ganancias) y toca máximos en los segundos trimestres (época de cosecha gruesa y elevados excedentes en el agro).


Para observar mejor la tendencia de mediano plazo, el gráfico 3 muestra los mismos datos, pero como promedios móviles de 4 trimestres. La línea vertical, ubicada sobre el cuarto trimestre de 2019, indica el cambio de gobierno.


Durante el gobierno de Macri, la participación de los asalariados en el ingreso cae desde 51,9% del Valor Agregado Bruto para el promedio de 2016 a 46,3% tres años más tarde: una pérdida de 5,6 puntos del producto.


Como contrapartida, aumenta la parte de las ganancias (el excedente de explotación), y también la de los ingresos de cuentapropistas. Asimismo, disminuye el saldo negativo del Estado (impuestos a la producción menos subsidios), porque se redujeron los subsidios.


Viene luego el shock de la pandemia, y la contracción de casi 10% en el PIB en 2020. De manera atípica, ese año, tanto los asalariados como los capitalistas aumentaron su participación en el Valor Agregado. Esto fue posible por la inyección masiva de subsidios por parte del gobierno, que apoyó a las empresas y pagó parte de los salarios (creció con fuerza el saldo negativo de “impuestos menos subsidios”). De su lado, la parte de los cuentapropistas se mantuvo relativamente estable, lo que significa que sus ingresos e valores absolutos cayeron en 2020 a tasas similares a las del ingreso total.


Gráfico 2. Argentina: Distribución funcional del ingreso, 1er trimestre de 2016 a 3er trimestre de 2022 (en % del Valor Agregado Bruto)

Fuente: Indec, Estadísticas de Generación del ingreso e insumo de mano de obra, en: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-3-9-49.


Gráfico 3. Argentina: Distribución funcional del ingreso, 2016-2022, promedios móviles de 4 trimestres (en % del Valor Agregado Bruto)

Fuente: ver gráfico 2.


Cuando se supera la parte más aguda de la pandemia, y el gobierno retira parte de los subsidios, se observa una nueva caída de la participación de los asalariados; ésta se detiene en la segunda mitad de 2021 y en 2022, estabilizándose en torno a 44,5% de los ingresos.

De su lado, la parte de los empleadores en el Valor Agregado sube con fuerza durante todo 2021, mientras el porcentaje de ingresos de los cuentapropistas se mantiene estable en torno a 13,5%.


Por último, los impuestos netos de subsidios reducen su saldo negativo en dos puntos del Valor Agregado, retomando su valor porcentual de 2016, cercano a -3,5%.


En suma, la participación de los asalariados en el ingreso disminuyó en 7,4 puntos porcentuales, entre 2016 (51,9%) y 2022 (44,5%); esta contracción fue más fuerte durante el macrismo (cayó 5,6 puntos) pero, con altibajos, siguió durante el actual gobierno. [iii]


En cambio, la parte del capital creció de manera sostenida: ganó 2 puntos porcentuales durante el macrismo y otros 4 puntos con la nueva administración. Por último, la parte del ingreso mixto aumentó 2 puntos durante el gobierno de Cambiemos, y luego quedó bastante estable.


c. Los ingresos a valores constantes


En vista de la caída persistente, durante los dos gobiernos, de la parte de los asalariados en el ingreso, y del alza igualmente sostenida de la de las ganancias, podría concluirse que existe una continuidad entre la etapa Macri y la etapa actual, pero sería un error.


Para comprobarlo, hay que observar cómo evolucionaron los niveles reales de cada componente del ingreso, y no sólo su porcentaje en el Valor Agregado total.


El gráfico 4 presenta los ingresos trimestrales de cada grupo, deflactados por el índice de precios implícitos del PIB; el gráfico 5 muestra sus promedios móviles de 4 trimestres, para que las tendencias aparezcan con mayor nitidez.


Se observa una caída pronunciada de la masa salarial a partir del tercer trimestre de 2017. Entre esa fecha y finales de 2019, disminuyó un 21,4% en términos reales. Este fue el resultado, ante todo, del derrumbe del salario real: -20% en ese período.


El empleo asalariado, por su parte, se mantuvo virtualmente estancado desde fines de 2017, y empeoró su composición. En efecto, entre el 4º trimestre de 2017 y el mismo período de 2019, se perdieron 214 mil puestos de trabajo asalariados registrados del sector privado; esta disminución se compensó con el aumento de puestos de trabajo en el sector público (+61 mil) y en el sector privado no registrado (+171 mil). Este cambio en la composición en el empleo asalariado hacia puestos de productividad y remuneración más bajas (el sector informal) también incidió en la caída de la masa salarial.


Gráfico 4. Argentina: Evolución de los componentes del ingreso total, 1er trimestre de 2016 a 3er trimestre de 2022 (Miles de millones de pesos a valores constantes de 2004)

Fuentes: Cálculos sobre la base de las fuentes del gráfico 2 y de Indec, Agregados Macroeconómicos, en: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-3-9-47


Gráfico 5 Argentina: Evolución de los componentes del ingreso total, 2016 a 2022. Promedios móviles de 4 trimestres (Miles de millones de pesos a valores constantes de 2004)

Fuente: ver gráfico 4.


El monto real que recibieron los asalariados siguió disminuyendo con la pandemia: cayó otro 7% entre el 4º trimestre de 2019 y el 3er trimestre de 2020. El principal factor que explica esa disminución es la contracción del empleo: durante ese período se perdieron algo más de 1 millón y medio de puestos de trabajo asalariados (una disminución de casi 10%), 79% de los cuales no estaban registrados.


El salario real, por contraste, resistió bastante bien a la pandemia: cayó sólo un 1,5% entre los trimestres mencionados. En este período cayó un -1,3% en los empleos privados formales y -4,5% en los públicos; pero el salario real promedio aumentó un 2,7% en el sector privado no registrado, mientras ese sector perdía 1,2 millones de puestos de trabajo.


Es probable que este aumento se deba a que quienes perdieron su empleo hayan sido, principalmente, los empleados de menor productividad y de más bajas remuneraciones; es decir, ese +2,7% no habría sido el resultado de salarios que aumentaron por encima de la inflación (¡en plena crisis!), sino de un cambio en la composición de ese universo de asalariados informales: quedaron los mejor pagos.


A partir de ese nivel deprimido, la masa salarial inició una recuperación sostenida: +7,7% entre el tercer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2022, siempre en valores reales. El factor que explica ese incremento fue la creación neta de empleo: 2 millones de puestos de trabajo de asalariados, de los cuales un 31% corresponden a empleos registrados.


En efecto, el salario real no contribuyó a esa recuperación, dado que cayó otro 3,7% entre dichos trimestres. Cabe resaltar que esa contracción fue muy desigual: mientras que los asalariados formales y los del sector público sufrieron pérdidas muy moderadas (-0,6% y -0,9% respectivamente), los asalariados no registrados vieron caer su salario real promedio en un -16,6%.


Es probable que tal disminución se deba, en buena medida, a un cambio en la composición del empleo asalariado no registrado: si muchos de los 1,4 millones de puestos asalariados informales creados en ese lapso correspondieron a empleos con remuneraciones menores al promedio de las ya existentes, entonces ese cambio de estructura contribuyó a disminuir el salario real promedio entre los asalariados no registrados.


En tal caso, la caída del salario real promedio no se habría debido únicamente a un ajuste salarial por debajo de la inflación, sino también a la creación de muchos empleos, pero de baja calidad.


Del lado del Excedente Bruto de Explotación (las ganancias), se observa un aumento moderado de su monto total durante el período macrista (+3% entre el 4º trimestre de 2016 y el 4º trimestre de 2019), y uno mucho más importante durante el gobierno de Fernández: +11% entre el 3er trimestre de 2019 y el mismo período de 2022.


Sobre todo, destaca su rápido crecimiento a partir del punto más agudo de la pandemia: entre los segundos trimestres de 2020 y 2022, se expandió un 34% en términos reales. La reactivación económica le permitió a las empresas remarcar precios sin perder demanda.


Una vez más, se comprueba que a los empleadores les va mejor con los gobiernos “populistas” que con los “pro-mercado”.


Esta evolución se aprecia con mayor precisión en el gráfico 5, que muestra los valores reales de los componentes del ingreso en promedios móviles.


Estos datos permiten contrastar el período macrista con el actual. En el primero, la participación de los asalariados en el Valor Agregado disminuyó porque cayó con fuerza la masa salarial en términos reales, mientras que el monto de las ganancias (el Excedente Bruto de Explotación) aumentó de manera modesta.


Durante el gobierno de Fernández, la masa salarial inició una recuperación en términos reales, pero su participación en el ingreso total siguió disminuyendo porque las ganancias de los empresarios crecieron a un ritmo mucho mayor.


3) La distribución personal del ingreso


Veamos ahora cómo evolucionó la distribución del ingreso no ya entre clases sociales, sino entre las personas.


Se toma ahora en consideración todos los ingresos que recibe cada familia: salarios, honorarios, ganancias, rentas, intereses, jubilaciones, pensiones, ayudas en efectivo del gobierno o las iglesias, y otras transferencias.


En vista del tamaño de cada hogar (contando a todos, aun a los que no generan ningún ingreso), se calcula luego el ingreso per cápita familiar.


El paso siguiente es ordenar a los hogares desde el más pobre (cuyo ingreso per cápita es el más bajo) al más rico, y agruparlos en deciles o quintiles de la población.


Se podrá entonces comparar, por ejemplo, qué parte del ingreso total capta el 10% más rico, y compararlo con la parte del 10% más pobre; o ver cuánto mayor es el ingreso per cápita promedio del 10% más rico vs. el del de 40% más pobre, etc..


La desventaja de esos indicadores sintéticos, que comparan a los más pobres con los más ricos, es que no tienen en cuenta el ingreso que reciben los grupos que están entre esos extremos.


Por eso, conviene también utilizar el coeficiente de Gini, que tiene en cuenta a toda la población. Ese coeficiente varía entre 0, que indica la igualdad perfecta (todos los individuos reciben el mismo nivel de ingreso) y 1, la desigualdad absoluta (la totalidad del ingreso es acaparada por un solo individuo).


Vemos así que la distribución personal y la distribución funcional del ingreso difieren por el tipo de ingreso que toman en consideración (ingreso “primario” que surge del proceso productivo, en la distribución funcional; ingreso disponible, después de la redistribución que realiza el Estado, en la distribución personal del ingreso), y también por la definición de los receptores del ingreso: clases sociales en un caso, hogares en el otro.


Una tercera diferencia hace a la cobertura y a las fuentes estadísticas. La distribución funcional del ingreso cubre al conjunto de la economía y se calcula con una óptica de contabilidad nacional. Su lógica es determinar las fuentes generadoras del valor agregado a precios básicos, desde la perspectiva de los ingresos: salarios, ganancias, ingreso mixto, e impuestos a la producción netos de subsidios.


En cambio, el cálculo de la distribución personal del ingreso se basa en las encuestas de hogares; éstas se realizan en 31 aglomerados urbanos del país, en donde vive 63% de la población total. Queda fueran del análisis el mundo rural, así como las ciudades y pueblos más pequeños.


El Gráfico 6 presenta la evolución trimestral del coeficiente de Gini para la Argentina en los últimos (casi) 20 años. La serie original presenta oscilaciones estacionales significativas: el coeficiente de Gini (por ende, la desigualdad) aumenta en general los primeros y terceros trimestres, y disminuye en los segundos y cuartos. La razón es el pago del medio aguinaldo, que se desembolsa en enero y julio. Éste mejora la remuneración de los asalariados formales, lo que aumenta la brecha de ingreso con los sectores cuentapropistas, informales o desocupados, cuyos ingresos son, en promedio, muy inferiores.


Para observar mejor la tendencia de largo plazo, agregamos el promedio móvil de 4 trimestres.


Gráfico 6. Argentina: Coeficiente de Gini para el ingreso per cápita familiar, 3er trimestre de 2003 a 3er trimestre de 2022

Fuente: Encuesta permanente de hogares, Indec.


Observamos, en primer lugar, una reducción notable de la desigualdad durante los gobiernos kirchneristas.


En 2003, el Coeficiente de Gini se ubicaba en torno a 0,53, un nivel comparable a los que ese mismo año mostraban países que se caracterizan por ser muy desiguales: Brasil (Gini de 0,56), Colombia (0,55) o Chile (0,51) (Fuente: CEPAL, Panorama Social 2020, Anexo Estadístico).


Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner lograron disminuirlo a entre 0,41 y 0,42 en apenas 10 años. Es un valor entre los más bajos en Latinoamérica, similar al de Uruguay.


El gobierno de Macri invirtió esa tendencia, y llevó el valor del coeficiente de Gini a entre 0,44 y 0,45. El aumento de la desigualdad en la distribución personal del ingreso durante esa administración coincidió con la caída de la participación de los salarios en el ingreso que, como vimos, fue sobre todo causada por la contracción del salario real.


Al principio del gobierno de Fernández, la desigualdad aumentó en el 2º trimestre de 2020, cuando se perdieron 3,7 millones de puestos de trabajo, sobre todo del sector informal. Sin embargo, a partir de ese momento, la desigualdad disminuyó de manera significativa: el coeficiente de Gini regresó a los niveles de fines de 2015, los más bajos del kirchnerismo. Esto ocurrió, recordemos, pese a que al mismo tiempo disminuía la parte de los asalariados en el ingreso total.


Tenemos entonces una aparente paradoja: la desigualdad en la distribución del ingreso aumentó durante el actual gobierno si la medimos por la parte de los asalariados en el valor agregado, pero disminuyó si la medimos con el coeficiente de Gini.


La explicación de esa disparidad es que, como vimos, no estamos midiendo los mismos ingresos. La distribución funcional se refiere sólo a los ingresos que surgen de la participación en la producción. Pero muchas personas reciben ingresos que no provienen de su actividad productiva: jubilaciones, pensiones, rentas, alquileres, asignaciones familiares y de embarazo, becas, Tarjeta Alimentar, sin olvidar las transferencias públicas en la forma de bonos, el Ingreso Familiar de Emergencia, los diversos programas sociales, el reembolso por utilizar ciertos medios de pago (como la “cuenta DNI” en la Provincia de Buenos Aires), etc.

Si se tiene en cuenta esta distribución secundaria del ingreso (o redistribución del ingreso), vemos una sociedad menos desigual que la que muestra la distribución primaria. Durante el actual gobierno, jugó un rol redistribuidor activo: con algunos impuestos específicos sobre los más ricos y, sobre todo, con sus transferencias orientadas a los más pobres, consiguió reducir de manera apreciable la desigualdad en la distribución personal del ingreso.


La evolución de la distribución personal del ingreso puede también evaluarse observando cómo variaron los ingresos reales de los distintos deciles de la población, ordenados desde los más pobres (primer decil) hasta los más ricos (décimo decil). Es lo que presenta el gráfico 7.


Los datos muestran el ingreso total de cada decil, deflactado por el Indice de Precios al Consumidor. [iv] Contrastamos la variación de los ingresos reales entre el segundo trimestre de 2016 y el cuarto de 2019, con la variación entre el cuarto trimestre de 2019 y el tercero de 2022 (el último disponible al momento de escribir).


Estas cifras no permiten abarcar todo el período de gobierno de Cambiemos, pues para eso deberíamos tomar como punto de comparación el cuarto trimestre de 2015, del que no disponemos datos. En particular, no se percibe el shock negativo sobre los ingresos de la devaluación inicial dispuesta por esa administración.


Por razones obvias, estos datos tampoco cubren todo el gobierno del Frente de Todos. Sin embargo, el contraste entre las dos etapas es lo bastante nítido como para establecer algunos hechos estilizados.


El primero es que en ambos períodos cayó el ingreso real de la población total: -6,6% en el gobierno macrista, -4,5% durante el actual.


La gran diferencia entre los dos gobiernos está en la forma en que se distribuyó esa disminución. Durante el macrismo, todos los deciles vieron caer sus ingresos reales, pero en los deciles más pobres esa disminución fue más aguda: -13,2% para el decil 1 (el más pobre), -12,3 y -10,4% para los dos siguientes, y así la retracción siguió moderándose a medida en que avanzamos a los deciles más ricos: el decil 10 sufrió la caída menos severa, inferior al 5%.


En cambio, entre 2020 y 2022, los ingresos reales de los deciles más pobres mejoraron de manera significativa: +15,7% para el decil 1, +6,6% para el decil 2. A partir del decil 4, la variación de los ingresos reales se vuelve negativa, siendo el decil más rico el que sufre la caída mayor (-6,8%).


Gráfico 7. Argentina: Variación del ingreso familiar per cápita real por decil de ingreso durante los gobiernos de Macri y Fernández (Porcentajes)

Fuente: Indec, Estadísticas de Distribución del ingreso, disponibles en: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-4-31-60


4) Resumen y conclusiones


La desigualdad en la distribución del ingreso aumentó de manera significativa durante el gobierno de Cambiemos, cualquiera sea la forma de medirla.


Entre 2016 y 2019, la parte de los asalariados en el ingreso disminuyó en casi 6 puntos porcentuales (la caída sería sin duda mayor si se pudiera comparar con 2015). Esto se debió sobre todo a la contracción de la masa salarial, arrastrada por la fuerte caída del salario real. Al mismo tiempo, la distribución personal del ingreso se volvió más desigual, en el marco de una contracción general de la economía: cuanto más pobres eran las familias, más disminuyeron sus ingresos reales.


Durante el actual gobierno, la participación de los asalariados en el ingreso perdió otros 2 puntos porcentuales, pero no porque la masa salarial haya caído en términos reales (al contrario, empezó a recuperarse desde 2021, con el aumento del empleo), sino por la rápida expansión del Excedente Bruto de Explotación (las ganancias).


Por otra parte, disminuyó la desigualdad en la distribución personal del ingreso: el índice de Gini bajó en 2022 a los niveles que había alcanzado en 2015. Esto fue posible porque los ingresos reales de los hogares más pobres aumentaron de manera significativa durante la presente administración, gracias a las transferencias públicas que recibieron.


Estos datos muestran que la redistribución del ingreso ha sido eficaz para sostener los ingresos de los hogares más desfavorecidos. Pero muestran también que el notable aumento del PIB de 2021 (+10,4%) y 2022 (en torno a +5,5%) ha sido acaparado, en gran medida, por los capitalistas. En efecto, si bien aumentó el empleo asalariado total, la recuperación de la masa salarial se ha visto frenada por la dificultad en recomponer el salario real. Esta situación, a su vez, ha afectado los ingresos de los hogares de ingreso medio y medio-bajo.


Recuperar los salarios reales es la tarea pendiente que debe acometer el gobierno nacional. No es el objeto de este artículo sugerir las políticas para aumentar el salario real, que diferirán según que se trate de trabajadores formales o no registrados.


Lo que sí se puede afirmar es que las empresas, tomadas en conjunto, ya han recompuesto sus ganancias. Están en condiciones de aumentar los salarios de sus trabajadores sin transmitir ese aumento a sus precios: en la carrera entre precios y salarios, pueden frenar las remarcaciones y permitir una recuperación del salario real. Esto no afectará necesariamente el volumen de sus ganancias, ya que les permitirá incrementar sus ventas y su producción.


Así, una política que reduzca la desigualdad distributiva no solamente mejorará el nivel de vida de millones de personas, sino que también aumentará la demanda de consumo interno y la oferta de bienes y servicios. Una mejor distribución es la base para un crecimiento inclusivo y sostenible, también llamado desarrollo.




NOTAS


[i] David Ricardo, Principios de la economía política y del impuesto, 1817. Las clases que ese autor consideraba eran los terratenientes, los capitalistas y los asalariados.


[ii] Las estimaciones del valor agregado, hasta mediados de los setenta, se realizaron a costo de los factores, es decir sin considerar los impuestos netos de subsidios a la producción.


[iii] Este porcentaje se refiere al total de la economía, incluyendo al sector público y al privado. Si se considera sólo el sector privado, como hacen algunos analistas, la parte de los asalariados es menor: cerca de 35% del ingreso en 2022. Sin embargo, no es correcto tomar ese nivel para subrayar el retroceso histórico que sufrieron los asalariados, pues se estaría comparando un valor sin el sector público, con valores anteriores que sí incluyen a dicho sector.


[iv] Hasta noviembre de 2016, tomamos el IPC promedio de la Ciudad de Buenos Aires y de la Provincia de San Luis. Luego usamos la nueva serie del INDEC, base diciembre de 2016 = 100.



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